El concepto “diversidad sexual” apareció en México en los
últimos años entre los grupos y agentes que participan de manera activa,
organizada y programática en las disputas del campo sexual.
La discusión sobre los significados y usos de los
conceptos es una discusión de fondo, pues lo que se encuentra en entredicho es
la manera en que conceptualizamos las distinciones sociales, los poderes que se
ejercen y por lo tanto, las resistencias o subversiones que construimos y
queremos construir ante esos poderes.
El término “diversidad sexual” define el carácter de
nuestra lucha política en el ámbito de la existencia sexual, como los términos
“gay”, “lesbiana”, “bisexual”, “heterosexual”, “sexualidad normal”,
“perversión”, “transgénero”, “joto”, “marimacha”, “buga” y, al igual que estos,
tiene implicaciones en la manera en que se nombran y se construyen, diferencias
sociales más o menos significativas, se configuran relaciones de poder y
posibilidades de resistencia.
Desde el planteo teórico del sociólogo francés Pierre
Bourdieu, podemos decir que el término “diversidad sexual” participa en las
luchas al nivel de la representación de la existencia sexual de las personas y
por el poder de tener la representación socialmente considerada “legítima”,
“única”, “válida” (Bourdieu 1990).
I “Diversidad sexual”: Tres usos comunes.
Tres son los usos
más problemáticos del término “diversidad sexual”:
1) su uso como eufemismo o forma “decente” para referirse
públicamente a individuos o grupos estigmatizados con palabras consideradas
“vulgares”: el
término “diversidad sexual” se está utilizando como una palabra menos “altisonante”
para decir “gay”, “lesbiana”, “bisexual”, “transgénero” o de plano “puto”, “joto”,
“marimacha”, “bicicleta”, “vestida” o “loca”, estos términos son considerados como
“vulgares” y por lo tanto, no son “adecuados” para un discurso público político,
entonces se recurre al menos altisonante “diversidad sexual.
Este uso clasista
y homofóbico del término “gay” distan mucho de significar un cambio de concepción
sobre el homoerotismo o un avance en la legitimación social de las diferentes orientaciones
sexo-afectivas como lo pretendía el término en su origen.
La legitimidad
deriva de su asociación simbólica con la creciente legitimidad en el lenguaje
político mundial del respeto a la “biodiversidad” y a la “sociodiversidad”,
impulsado el primero desde el movimiento ambientalista y el último desde los
movimientos de las “minorías étnicas” en los llamados países desarrollados.
El uso eufemístico
como término “sombrilla” para designar “la otredad” de la norma heterosexual,
incrementa la posibilidad de estas apropiaciones conservadoras de un término
con un potencial más radical.
2) su uso como término “sombrilla” para agrupar a esos
individuos o grupos estigmatizados por sus prácticas sexuales o su identidad sexo-genérica:
se encuentra el uso del término
“diversidad sexual” como término “sombrilla” para una diversidad de identidades
históricas y políticas, portadoras de sus propias limitaciones y posibilidades
liberadoras. El problema con este término es que mete en una misma visión
ideológica y política, homogeneizándolos, a personas y grupos con intereses,
experiencias de vida, necesidades y posicionamientos sociales, simbólicos y
políticos diversos.
Dicho de otra
manera, el término “diversidad sexual” así usado puede servir para “travestir”
y “adecentar” precisamente a quienes resultan más “inquietantes” para la “moral
pública”: los y las llamados transgéneros y transexuales, al punto de no
reconocerse a sí mismos.
3) su uso para referirse a la “otredad” de la trilogía de
prestigio “macho-masculino-heterosexualidad”:
El término “diversidad sexual” tal y como está siendo
usado, para agrupar a personas y grupos con identidades no heterosexuales, es
un absoluto equívoco tanto lingüístico como ideológico.
No existen
“grupos de la diversidad”, existen miembros de una totalidad diversa, lo mismo
sucede con las personas y la sexualidad: todas son personas y todas tienen una
sexualidad diferente.
El uso del término
“diversidad sexual” para referirse sólo a ciertos grupos, mantiene incólume un elemento
central del sistema de sexo-género, también llamado sexista: el heterosexismo,
esto jerarquiza las sexualidades y posiciona a la práctica y a la identidad
heterosexual como “superior” a las otras prácticas e identidades sexuales,
configurando un sistema de identidad: “el heterosexual” vs. “los otros” que
posiciona en el plano simbólico a “la heterosexualidad” como la identidad
central, única, normal, natural, completa, absoluta, el “ser”, al grado de que
ni siquiera tienen qué decir su nombre. Al usar el término “diversidad sexual”
para referirnos sólo a unos grupos particulares, los “no heterosexuales”,
estamos actualizando en un lenguaje eufemizado y sanizado la dicotomía
“adentro-afuera”,“centro-periferia”, “Uno-otro”, “completo-carente”, del
heterosexismo.
Detrás de este
uso de las categorías se reproduce de nuevo el viejo correlato heterosexista
del “normal” y “los raritos”, los “normales” y los “perversos.
Los “grupos de la
diversidad sexual” simplemente no existen, al menos que incluyamos entre esos
“grupos de la diversidad sexual” al “grupo heterosexual” y al“grupo” de los que
no asumen ninguna identidad.
II Los discursos dominantes
del campo sexual: su visión integrista
El concepto de “diversidad sexual” surge en el campo
sexual para cuestionar las reglas mismas de organización del campo, a partir de
las cuales se derivan poderes y beneficios para quienes cumplen con los criterios
pertinentes.
Este sistema involucra tres aspectos principales de la
existencia sexual:
1) el binarismo
sexual: cuando se define el concepto “género” se le distingue del concepto “sexo”, el
cual se refiere a la dimensión biológica y el género a las expectativas de
comportamiento socialmente asignadas a los sexos. El género aparece así como
una “construcción social”, mientras que el “sexo” aparece como el dato duro,
“lo biológico”.
La concepción de los “sexos opuestos” además de
semantizar un ideologismo machista de ver al “otro” como opuesto, semantiza una
ideología heterosexista que considera a los varones y a las mujeres como “sexos
opuestos” que “se complementan”, siendo esta una idea central del sistema
sexista. La concepción de la oposición y complementariedad se deriva de un
ideologismo sexual patriarcal: 1) “los sexos” se definen por los genitales y
“anuncian” que el fin de la práctica sexual es la reproducción y por lo tanto
es entre hombre y mujer.
El binarismo sexual es la creencia y práctica de
construir “dos sexos” de los cuerpos humanos, esto se encuentra ligada a ideologías
centrales del patriarcado: su visión reproductivista de la sexualidad y su heterosexismo.
Pero el binarismo sexual tiene qué enfrentarse a una serie de evidencias corporales
que nos muestran que el asunto de formar “dos sexos” perfectamente distintos es
más un trabajo conceptual y quirúrgico que una constatación de la naturaleza, mostrándonos
así una variedad sexual que durante mucho tiempo se llamó “hermafroditismo” y
que hoy recibe el nombre de “intersexualidad”: personas que nacen con
características sexuales cromosómicas, gonadales, genitales u hormonales que no
coinciden con las categorías sexuales binarias de macho y hembra humanos.
2) el binarismo
de género: El sexismo hace derivar el dualismo de género: la noción de que de los
cuerpos machos y los cuerpos hembras se derivan “naturalmente” disposiciones
diferenciadas de sentir, percibir, pensar y actuar. Las distintas trayectorias
subjetivas y sociales de varones y mujeres con sus consecuencias de desniveles
de poder económico, político, social, son justificadas por las ideologías
sexistas al considerarlas “expresiones” de esa supuesta “naturaleza” corporal
distinta.
Un uso equivocado en muchos activistas es precisamente la
referencia equívoca de los genitales con conceptos de género, esto es, llamar
“genitales masculinos” y “femeninos” a los genitales de hombres y mujeres respectivamente,
en ese mismo equívoco se encuentran las frases “sexo masculino” y “sexo
masculino”, o peor aún, “personal femenino” y “personal masculino”, para decir
machos y hembras biológicos, o de plano hombres y mujeres, los cuales reflejan
cuestiones ideológicas de fondo que tienen que ver con “la naturalización” de
las diferencias de género, pero también con el integrismo de género que se
deriva de esta ideología que remite al cuerpo lo que son conductas aprendidas:
1) la noción de que las personas con genitales machos están destinados por la
“naturaleza” y al mismo tiempo “deben” volverse “masculinos”, esto es “hacerse
hombres”, mientras las personas con genitales hembras están “destinadas” y
“deben” volverse “femeninas”, esto es, “mujeres”. Dicho esto el “hombre
femenino” o la “mujer masculina” o los “hombres” y “mujeres” que integran comportamientos
y cualidades consideradas “masculinas” y “femeninas” en su propia persona y en
diferentes grados y circunstancias no
pueden ser aprendidas con esta conceptualización binaria e integrista, al grado
de que su categorización como “hombres” y “mujeres” se pone en entredicho.
El binarismo de género involucra además otro elemento: el
androcentrismo, la ideología y práctica cotidiana de jerarquizar a las
personas, los objetos y los seres del mundo según sus connotaciones de género,
y de colocar como superior a “lo masculino” y a los varones.
3) el binarismo
erótico: Los binarismos sexuales y de género adquieren un cierre ideológico en la heterosexualidad
en la medida en que implica la
sexualidad de “los diferentes”, esto es, de los que previamente han sido
definidos como “opuestos” y “complementarios”, se constituye en el espacio
ideológico que provee de sentido a los anteriores binarismos, proyectándolos en
una finalidad biológica y social: la reproducción de la especie y la
reproducción social de un modelo de pareja y familia donde el machomasculino- heterosexual
vuelto “padre-esposo” tiene preeminencia de autoridad y privilegios. La
ideología reproductivista de la sexualidad, aquella que considera que el único
fin válido y natural de las relaciones sexuales es la reproducción se convierte
en el pilar fundamental del heterosexismo y del binarismo sexual y de género.
El entrenamiento de la heterosexualidad como la única
identidad sexual válida involucra la jerarquización de las identidades eróticas
diferentes: la identidad homosexual, bisexual, lesbiana, y en general, de
relaciones entre otras personas que no sean varón masculino y mujer femenina así
mismo, involucra la marginación y desprecio de otras experiencias eróticas,
incluso entre varón masculino y mujer femenina: sexo anal, fellatio,
cunilingus, fetichismo, etc.
Recursos ideológicos que trabajan para apuntalar el
heterosexismo: 1) las ideologías del amor y 2) las ideologías sobre las “otras”
sexualidades, principalmente la homosexualidad, esto es, las concepciones
homofóbicas, también llamada homofobia cognitiva.
En la medida en que según
estas ideologías de género dominantes los hombres y mujeres tienen naturalezas
corporales y psíquicas diferentes que “se oponen” y “complementan están destinados
“naturalmente” a “atraerse” y “unirse”.
La noción del amor como “complementariedad natural de
sexos y de géneros”, es una noción fundamental del heterosexismo.
Las historias de amor tradicional en la medida en que
naturalizan el amor como un fenómeno de complementariedad sexual, de género y
erótico contribuyen a cimentar el heterosexismo y el androcentrismo y
obstaculizan el avance de la legitimación de las relaciones amorosas entre
personas del mismo sexo.
Homofobia y heterosexismo: la invisibilización del amor, es
parte de una tecnología de poder homofóbica que va de la mano con la
construcción misma de la “homosexualidad” como identidad radicada en “el sexo”.
Los discursos homofóbicos y heterosexistas han tenido la
desafortunada coincidencia en una visión binaria, dicotómica e integrista del
deseo erótico: la polarización de los deseos e identidades “heterosexual” y
“homosexual”. Una visión que es cuestionada desde su aparición en el campo de
las identidades sexuales en occidente.
La homosexualidad como identidad funge un papel de
“otredad”, que en el ámbito simbólico y psíquico ayuda a construir las
fronteras simbólicas y psíquicas de la “heterosexualidad” y ciertamente también
de la “hombría” o identidad “masculina” (Kimmel y Messner 1995).
La heterosexualidad se define así por lo que no es: la
homosexualidad, la cual, por su parte, es definida por los discursos
homofóbicos dominantes.
El binarismo “heterosexual-homosexual” es una manera de
querer ordenar la compleja realidad del deseo erótico y de ajustarla a
particulares ideologías sexuales y de género.
La organización de estos tres aspectos a través de una serie
de dispositivos de poder es lo que se ha llamado sistema de organización
sexo-genérica, o sistema sexista (Rubin 1975).
III El concepto de diversidad
sexual: sus implicaciones transgresivas
El binarismo sexual, el binarismo de género y su
concomitante androcentrismo, así como el heterosexismo constituyen una visión
integrista de la existencia sexual de las personas, que se convierte en un
perdurable dispositivo de poder el cual contiene un número limitado de
identidades de prestigio, en las cuales se encuentra la trilogía de prestigio
“macho-masculino-heterosexual”.
Estas diversas formas de existencia sexual involucran
varios reconocimientos:
1) más allá de la dicotomía macho y hembra, existe una
diversidad de sexos, existen los diferentes tipos de intersexualidad, los
cuales son expresiones de una naturaleza sexual humana y cualquier intento de
jerarquizarlas, privilegiando algunas y deslegitimando otras, es arbitrario; siendo
esto un criterio subjetivo.
2) las identidades de género son construcciones sociales
que limitan las potencialidades humanas, generando inequidades. La dicotomía
“masculino”-“femenino” pretende desconocer y deslegitimar otras formas de
simbolizar la acción humana y sus productos, así como la coexistencia de ambos
rasgos de identidad en una misma persona, en grados diversos y cambiantes a lo
largo de su vida. El integrismo de género y el androcentrismo son formas
arbitrarias de limitar la existencia de las personas y de jerarquizarlas.
3) el binarismo
erótico heterosexual-homosexual forma parte de un dispositivo heterosexista que
jerarquiza los erotismos, colocando en la cúspide a la práctica y a la
identidad heterosexual, así mismo pretende negar no sólo la legitimidad de las
diferentes orientaciones sexo-afectivas, sino también la diversidad erótica en
cada individuo, como una realidad y como un potencial humano.
4) la sexualización de “los otros no-heterosexuales” y la
negación del fenómeno amoroso actúan como dispositivos homofóbicos de poder
para encumbrar la heterosexualidad y el modelo de familia patriarcal, así como
para negar legitimidad a otras variantes amorosas.
Es posible visualizar cómo el concepto de diversidad
sexual puede jugar un importante papel desestabilizador del sistema sexista, si
se le otorgan cuatro significados básicos:
1) la idea de que
las personas tienen existencias sexuales, de género y eróticas diversas, que
eso es parte de una realidad humana que es necesario respetar.
2) la idea de que en una sociedad democrática estas
realidades sexuales, de género y eróticas diversas no debe ser ocasión de
jerarquías y distinciones sociales de poder y privilegio.
3) la idea de que la diversidad no es sólo algo que
existe entre las personas, sino que existe dentro de cada persona como realidad
o potencialidad humana.
4) la idea de que la diversidad no sólo es “sexual” sino
también amorosa. Estaríamos hablando así de un concepto de “diversidad sexual y
amorosa” que es utilizado para reconocer, legitimar y promover la coexistencia
en condiciones de equidad de las diversas existencias sexuales, de género y
eróticas entre las personas y entre las uniones amorosas existentes.
Esta concepción del término “diversidad sexual y amorosa”
involucra pues el cuestionamiento tanto del binarismo sexual, como de las
ideologías y prácticas androcentristas y heterosexistas. Así mismo nos plantea
posibilidades radicales y liberadoras cuando lo utilizamos para referirnos a la
riqueza sexual, de género y erótica entre las personas y a las múltiples
posibilidades en cada uno de nosotros. En este sentido reivindicamos el derecho
de cada sujeto a vivir de manera diversa su existencia sexual, de género y
erótica, a reconocer sus múltiples capacidades placenteras y de goce en la
sexualidad, el derecho a la experimentación y al cambio, el derecho a
cuestionarse la sexualidad socialmente sancionada y esforzada en su persona
desde las instituciones sociales.
IV Ética y diversidad sexual.
El concepto “diversidad sexual” es un concepto que
cuestiona al poder patriarcal en su sistema de representaciones e identidades
sexuales, en sus criterios de distinción sexual y social, en sus ideologías
integristas de origen religioso, pero además coloca en su lugar, valores
democráticos como el reconocimiento de la pluralidad, el respeto, la equidad y
la justicia social.
El concepto de
“diversidad sexual y amorosa” hunde sus raíces en una tradición democrática de
lucha contra un sistema autoritario y excluyente, de tal manera que las
prácticas de violencia, abuso y humillación (como el acoso y la violación) no
forman parte del campo semántico del concepto, para lo cual se prioriza tres
dimensiones de la existencia sexual: el sexo, el género y el erotismo, estos
son los elementos centrales del sistema sexista.
El problema ético que representa el sexo entre menores y
adultos pasa por dos problemas políticos:
a) el reconocimiento de la sexualidad de los menores,
incluyendo aquí a los bebés
b) la definición misma de “menor”, la edad en la cual
socialmente se define que las personas adquirimos la capacidad de decidir con
relación a nuestro cuerpo, a nuestra sexualidad y a muchos otros aspectos de la
vida.
V La “Diversidad sexual y
amorosa” y las otras diversidades sociales.
La perspectiva postestrucutralista que se sostiene en
este ensayo nos permite constatar las “diferencias” y entenderlas como
construcciones humanas, formas de organización de las distinciones sociales,
esto es, productos culturales.
Las distinciones dominantes que organizan el campo sexual
con efectos de poder diversos sobre la existencia sexual de las personas, son
sólo una dimensión de las distinciones que permean el campo social en general. También
existen aquellas basadas en ese invento
perdurable de los racistas llamado “raza”, como otras relativas a las
diferencias de clase, étnicas o nacionales, por edad, por capacidades físicas,
por origen regional, por giros lingüísticos, por vestimenta, por religión, por
preferencia política, por tonalidad de la piel, por nivel educativo, por
ocupación, por seropositividad, por condición migratoria, estas diferencias
también son construcciones sociales y también involucran efectos de poder
diversos que habría que analizar.
En resumen, existe una diversidad sexual como parte de
una diversidad social que nos habita, la cual se encuentra integrada en las
personas a otras dimensiones de su sociodiversidad y esto tiene implicaciones
de poder y resistencias diversas, con efectos diversos sobre las condiciones de
vida. Siendo importante llevar a la agenda política el asunto de la justicia y
la equidad al nivel de la existencia sexual de las personas, hacer valer su
importancia, hacer oír las voces del reclamo, así como articular con claridad
reflexiva las razones de la demanda.
COMENTARIO
El tema de la diversidad sexual y amorosa abarca distintas perspectivas como categorizarnos de cierta manera en donde en nuestro entorno solo existe el término "mujer" y "hombre", para lo cual hoy en día en nuestro ámbito existencial se han ido determinado diferentes términos como “gay”, “lesbiana”, “bisexual”, “heterosexual”, “sexualidad normal” lo cual en la sociedad no es bien visto debido a que estamos inmersos en una sociedad que durante años ha cultivado el rechazo a las personas que no se ajustan a la norma sexual dominante es decir "mujer" y "hombre".
Debemos tratar de construir un mundo mejor para todos donde se deje de ver los prejuicios en contra de la diversidad sexual, donde debemos tratar de que todos nos sintamos identificados dentro de un grupo en la sociedad actual.
GLOSARIO
- Androcentrismo: interpretación del hombre como la medida de todas las cosas, definiendo al mundo en masculino y atribuyéndole a este la representación de la humanidad entera (“una niña y un niño no son dos niños”).
- Homosexualidad: atracción física, emocional y afectiva hacia una persona del mismo sexo o género.
- Derechos humanos: son derechos inherentes a todos los seres humanos, sin distinción alguna de nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, color, religión, lengua, o cualquier otra condición.
- Transgénero: persona con una identidad de género diferente a aquella que se le ha asignado culturalmente según su sexo.
- Androginia: capítulo de la Sexología que estudia en forma comparativa las cualidades de la mujer y del varón en diferentes sociedades.
- Bisexualidad: atracción sexual y afectiva hacia personas de ambos sexos y géneros.
- Heterosexismo: construcción social representada por prácticas y discursos que estructuran la dualidad hombre/mujer, a partir de las diferencias biológicas en relación a las funciones reproductivas. Este dispositivo asigna a los individuos en uno u otro grupo de manera excluyente (hombre o mujer), infiriendo además un conjunto de diferencias arbitrarias y supuestamente complementarias entre ambos. Dichas diferencias determinan el género sociocultural y normatizan la orientación del deseo sexual. De este planteo se derivan las prescripciones “hombre-masculino-atraído por la mujer” y “mujer-femenina-atraída por el hombre”.
- Heterosexualidad: atracción física, emocional y afectiva hacia una persona de diferente sexo o género.
- Homofobia: intolerancia y desprecio por las personas con deseos o prácticas no heterosexuales, o aquellas que no se identifican con el género asignado socialmente a su sexo. Se basa en la idea de que estos actos, deseos e identidades son inmorales, enfermos o inferiores a los heterosexuales, organizando una “jerarquía de sexualidades” con consecuencias políticas (discriminación, maltrato, ridiculización, ocultamiento).
- Intersexual: persona cuyos genitales son ambiguos o discordantes con su sexo cromosómico, ya sea por su tamaño (pene pequeño, clítoris grande) o por su forma, lo cual hace difícil determinar su sexo al momento de nacer. Antiguamente, “hermafrodita”.
- Lesbianismo: atracción sexual y afectiva entre dos mujeres.
- Patriarcado: sistema de dominación sexual que es, además, el sistema básico de dominación sobre el que se levantan el resto de las dominaciones, como la de clase y raza. Es una forma de organización política, económica, religiosa y social, basada en la idea de autoridad y liderazgo del varón, en la que se da el predominio de los hombres sobre las mujeres, del marido sobre la esposa, del padre sobre la madre, los hijos y las hijas; de los viejos sobre los jóvenes y de la línea de descendencia paterna sobre la materna. Creando al mismo tiempo un orden simbólico a través de los mitos y la religión, evidentes también en muchas prácticas civiles y penales del Estado y en el conjunto de la moral corriente, que lo perpetúan como única estructura posible.
- Sexismo: conjunto de métodos empleados por un orden sociocultural machista para mantener la situación de dominación, superioridad y usufructo masculino sobre el sexo femenino. Ideología que defiende la subordinación de las mujeres y todos los métodos que utiliza para que esa desigualdad se perpetúe, evidentes particularmente en el lenguaje y en las políticas (“el machismo se expresa en un piropo; el sexismo, en la división de la educación por sexos”).
- Transexual: persona con una identidad sexual y de género que no coincide con su sexo de nacimiento, muchas veces asociada a la sensación de “que ha nacido en el cuerpo equivocado”. En general tiende a modificar su anatomía utilizando hormonas, aplicándose prótesis, haciéndose cirugía para cambiarse los genitales, etc.
- Travesti: persona que adopta una apariencia y una identidad de género distinta a la que se suele atribuir culturalmente según su sexo. Esta apariencia puede ser eventual, para excitarse sexualmente, o permanente, por sentirse más identificado/a con el otro género; y es independiente de que la persona sea transexual.

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