domingo, 27 de abril de 2014

Hacerse hombre: algunas reflexiones desde las masculinidades

(RESUMEN)

INTRODUCCIÓN

La categoría género es una construcción y sistema social de relaciones que se constituye a partir de la simbolización cultural de las diferencias anatómicas entre varones y mujeres, y las relaciones entre ambos.

El género se constituye en una realidad objetiva y subjetiva en la vida de los sujetos, lo que requiere justificación para tener existencia en la vida social pues se mantiene por estructuras sociales y culturales así como por ideologías inscritas en los cuerpos y en las mentes de las personas; lo cual es elaborada y reelaborada continuamente en base a experiencias y significados que provienen del lenguaje, la cultura, y las relaciones sociales de las que forman parte.

Según Rubin, 2003, el hecho que a partir de diferencias biológicas de los sexos se hayan construido diferencias culturales para cada uno, nos relaciona con este sistema sexo género.
La estructura de poder de nuestras sociedades, en la que la supremacía del varón se logra a través de la internalización de ciertos roles y significados, y de la negación y represión de otros: mujeres, hombres gay, minorías raciales. (Kaufman, 1999; Kimmel, 2005).

La masculinidad es una colección de normas y significados que cambian constantemente en el contexto de relaciones intergénero (hombres y mujeres) e intragénero (entre hombres).

Existen dos elementos fundamentales en el estudio de las masculinidades: la pluralidad y las jerarquías entre versiones de ser hombre. La pluralidad nos muestra que hay muchas formas de ser hombres, lo cual varía entre culturas y sociedades, pero también dentro de un mismo grupo humano que se dan en función de variables como la raza/etnicidad, clase social, orientación sexual, estatus migratorio, edad, entre otras. Hay versiones de masculinidad más valoradas que otras, las que están jerarquizadas en torno a expectativas sociales que configuran versiones “exitosas” y “fallidas” de masculinidad.

1. El camino a hacerse hombre

Estudios etnográficos muestran una serie de rituales que adolescentes y jóvenes varones tienen que atravesar para convertirse en adultos, donde la tolerancia al dolor está presente, ceremonias colectivas de circuncisión hasta la llamada pedagogía homosexual, en la que pasan de la niñez a la adultez a través de prácticas sexuales con otros varones adultos que actúan como “pedagogos” de estos jóvenes en su camino a hacerse hombres.

La constitución de la identidad de género adquiere estabilidad a través de la actuación y el repudio (Butler, 1990).

Otro aspecto importante es la socialización en patrones de intimidad.

La masculinidad hegemónica es una representación ideal de ser hombre, en torno a la cual los varones construyen su identidad de género, la cual actúa como una aspiración en lugar de ser una realidad en la vida de los hombres y crea la imagen de un “hombre de verdad”, alguien que está por encima no sólo de mujeres sino también de otros hombres, un ideal de identidad que funciona como identidad de fachada más que como algo real. Este modelo de masculinidad es un proceso que implica cuatro dimensiones: hegemonía, subordinación, complicidad, y, marginación.

Los mandatos sociales sobre las formas de ser varón y su versión hegemónica de masculinidad están en constante afirmación y tensión pues la masculinidad debe ser probada a los demás y al propio sujeto. Los varones aprenden que ser hombre consiste en demostrar su masculinidad a través de la negación de dos identidades repudiadas: no ser mujer ni ser homosexual.

En cuanto a la sexualidad masculina, se constituye en permanentes tensiones y negociaciones entre deseos sexuales, búsquedas de placer y los dispositivos sociales de masculinidad y sexualidad hegemónicas, en las que se configuran fronteras de sexualidad masculina, donde la “pasividad” y el homoerotismo pertenecen al dominio de lo abyecto y se delinean pautas sociales para un desempeño sexual masculino.



2. La casa y la calle en los procesos de hacerse hombre

El espacio doméstico provee los primeros mensajes de masculinidad y sexualidad y es ahí donde se sientan las bases para la constitución de las identidades de los sujetos, el cual nos remite a un mundo de jerarquías naturalmente instauradas en base a reglas de parentesco, sexo y edad.


En este espacio de socialización familiar el niño empieza su proceso de “hacerse hombre”. Desde el hogar hasta la vida pública, desde su infancia hasta su adultez, los hombres aprenden que hay imperativos a lograr: la protección, la provisión, la responsabilidad, la honestidad, la disciplina, el trabajo, los cuales, al ingresar a otros espacios de socialización, se refuerzan o entran en conflicto, ocasionando tensiones que los varones tendrán que resolver para la constitución de sus identidades.

La transición del mundo de la casa al mundo público o de la calle, implica adaptarse a un mundo imprevisto y accidentado, donde los niños tienen que descubrir y aprender a convivir con reglas y jerarquías diferentes a las de la casa, lo que nos remiten a guiones sociales, ideologías y valores que en algunos casos son sólo válidos para estos espacios, que pueden funcionar como subculturas, y en otros funcionan como prolongación de una de ellas. 

A diferencia de la socialización impartida en la familia, en espacios como el colegio y el grupo de pares, los sujetos ya tienen los cimientos de su identidad constituidas y los nuevos contenidos no son la realidad en sí misma, pues el sujeto es más consciente de estos procesos y puede contrastar los valores y la moral de otros agentes socializadores. Para lo cual el sujeto debe aprender nuevos guiones de actuación, iniciar nuevas relaciones significativas y solucionar las tensiones o conflictos en su sistema de representaciones. La calle tiene sus propios guiones de lo que significa ser hombre y los varones tienen que aprenderlos y actuarlos.


3. El grupo de pares y los rituales de la masculinidad 

Por lo general el grupo de pares está conformado por un grupo de amigos del mismo rango, estas relaciones están basadas en amistad y empatía más igualitarias, con interacciones entre los sujetos en los que se pueden sopesar y cuestionar las reglas de conducta “naturalizadas” en el espacio familiar. La importancia del grupo de pares es en introducirlos de lleno en los ámbitos masculinos por excelencia: la calle y el espacio público. En el grupo de pares es donde se consolidan los límites y fronteras de la identidad masculina, a través de gestos rituales de masculinidad y sexualidad, que funcionan como modelos ritualizados que buscan configurar este orden social a través del pasaje obligatorio de adolescentes y jóvenes por ciertas pruebas que aseguren su pertenencia al grupo. 

Por ejemplo, el consumo de alcohol y la primera experiencia de “borrachera” es un ritual muy común para adolescentes en su viaje a convertirse en varones, que premia a los que saben tomar “como hombres” y censura a los que fallan, en cuanto a la fortaleza física, lo más importante es sobresalir en deportes considerados masculinos como el fútbol, donde la expectativa es participar activamente en ellos sin dar muestras de temor por la rudeza del juego. 

Estos gestos rituales buscan y sirven para separar a los “normales” de los “fronterizos”, en base a una pedagogía de modelos de masculinidad y sexualidad, construida sobre lo que el “verdadero hombre” debe ser capaz de soportar ante la amenaza y el riesgo constante de asemejarse o “convertirse” en “aniñado”, mujer o “maricón”, los cuales sirven para reforzar la identidad sexual de los participantes. 

De esta forma, el grupo de pares es uno de los espacios más importantes en la producción de masculinidad, tanto en la época de niñez como adultez. El alardeo de grupo tiene otra función muy importante en esta producción de masculinidad: la cohesión y la constitución de identidad masculinas. 

La heterosexualidad es central en la producción de masculinidad pues a través de las relaciones heterosexuales los hombres ganan respeto y status en sus grupos sociales. De esta forma, adolescentes y jóvenes aprenden a pensar y a actuar como heterosexuales especialmente en ámbitos homosociales al interior de estos grupos de pares. 

Los modelos de masculinidad socialmente valorada o hegemónica se inscriben en imperativos de sexualidad activa, lo cual implica un aprendizaje de los libretos y códigos de la sexualidad para que el varón sea valorado en el grupo de pares. El alardeo sexual es central en la constitución de la identidad de género de varones latinoamericanos, para muchos varones la novia formal se considera objeto de respeto y lo que se hace con ella no se habla, con lo que, el sexo del cual se alardea con los amigos es el desarrollado con parejas ocasionales. 

El imperativo de demostrar una sexualidad heterosexual presupone la actuación de dos mecanismos básicos: confirmación de la heterosexualidad y el debut sexual, en los que se representan ciertos gestos rituales de sexualidad y masculinidad hegemónicas.  Una forma de demostrar la heterosexualidad es a través del domino de todo lo relacionado a la sexualidad, tanto la propia como la sexualidad de las mujeres: conocer a las mujeres y su sexualidad es un imperativo y el varón debe dar muestra de interés constante por ellas. 

Esta confirmación de la heterosexualidad descansa en un rito de iniciación que todos los varones deben pasar: el “debut” sexual, lo cual es un hito en la identidad de género y en la identidad sexual de los varones pues es el certificado que asegura la heterosexualidad del varón en el grupo, que refuerza su masculinidad.



4. Discursos emergentes sobre masculinidad 

Los medios de comunicación producen y reproducen modelos de masculinidad que, en algunos casos, puede reforzar los discursos hegemónicos y en otros, cuestionar estos ideales de actuación ofreciendo modelos y mensajes alternativos de masculinidad. La autoimagen masculina para el cortejo y la conquista de parejas sexuales sufre un desplazamiento de imágenes de varones exentos de exigencias de cuidado estético, hacia varones preocupados por una imagen más cercana a la “metrosexualidad”. 

Según Allen (2003) y Redman (2001), las adolescentes y jóvenes de sociedades urbanas occidentales presentan discursos emergentes de sexualidad y masculinidad que cuestiona los límites de la masculinidad hegemónica. Evidencia empírica en diversos contextos sociales urbanos muestran como los varones jóvenes se sienten crecientemente más cómodos de expresar sus emociones, desarrollar relaciones amicales con mujeres y otros varones. Estos discursos y prácticas nos alertan a prestar atención a las tensiones entre versiones emergentes y hegemónicas de las mismas.


5. A modo de conclusiones 
  • Los adolescentes y varones aprenden desde muy temprana edad que un varón, para ser valorado como tal, no debe cruzar jamás: la feminidad y la homosexualidad pasiva. 
  • Tanto el espacio doméstico representado por la casa como el espacio público re- presentado por la calle no son universos excluyentes sino que funcionan como escenarios interconectados en un continuum de relaciones, siendo los límites e influencia de los discursos y prácticas aprendidos en la familia y en el grupo de pares difíciles de determinar. 
  • La masculinidad hegemónica tiene el poder simbólico de ser el modelo socialmente valorado, pues actúa como el referente frente al cual los jóvenes y adultos miden su masculinidad. 
  • Las masculinidades son creadas y recreadas a través de discursos y rituales que actúan como performances en la vida cotidiana de los sujetos, lo cual es algo que los niños y adolescentes tienen que ganar a través de pruebas y ritos de pasaje al “mundo de hombres” a través de la demostración de ciertos logros que demuestra la adquisición de una masculinidad valorada por su grupo social. 
  • La heterosexualidad normativa es central en la constitución de la masculinidad, pues independientemente de su orientación sexual, niños y adolescentes aprenden que ser hombre es demostrar gestos rituales que la confirmen. El alardeo sexual, gestos de violencia y la homofobia son centrales en este largo proceso de hacerse hombres. La homofobia funciona como un fantasma disciplinario de los libretos de género y sexualidad, y de hecho, a día de hoy, no ser mujer ni ser “maricón” siguen siendo los imperativos mas arraigados en la vida de varones latinoamericanos. 
  • Existen cinco mecanismos principales en el proceso de hacerse hombre: 
1) el rechazo del mundo femenino y actitudes consideradas femeninas 

2) el rechazo de la homosexualidad pasiva y un manejo adecuado de la homofobia y el homoerotismo, 

3) el desempeño sexual heterosexual y alardeo sobre estas performances 

4) la toma de riesgos y los gestos de violencia 

5) la incorporación de valores morales, lo que todo hombre tiene que atravesar, reconciliando contradicciones y acumulando en el camino capital masculino.

GLOSARIO
  • Género: atributos socioculturales relacionados con los roles, valores, actitudes, prácticas o características, que una determinada sociedad o cultura humana impone diferencialmente a las personas a partir de su sexo, determinando la “femineidad” y la “masculinidad”. No obedecen a un conjunto fijo de determinantes biológicos, sino que responden a situaciones particulares y se generan dentro de estructuras definidas que determinan “qué es ser mujer” y “qué es ser varón” en cada contexto sociocultural a lo largo de la historia. Por lo tanto estas diferencias, que condicionan una manera particular de ordenamiento social en torno al papel reproductivo, NO SON NATURALES NI PERMANENTES pero legitiman y naturalizan socialmente la dinámica que mantiene las relaciones de poder entre individuos. Por ejemplo: la diferencia de fuerza entre varones y mujeres hace que en muchas sociedades se avale la violencia como una reacción natural asociada a la masculinidad, y la sumisión al hombre como una característica natural de lo femenino; de esta forma acepta el maltrato de las mujeres por sus parejas, y admite un poder del hombre sobre la mujer.
  • Masculinidad: es la construcción cultural de género que designa el rol de los varones en la sociedad.
  • Hegemónica: Se denomina hegemonía al dominio de una entidad sobre otras de igual tipo.
  • Homoerotismo: refiere a la tendencia social caracterizada por la presencia de emociones eróticas o deseos sexuales que se centran en una persona del mismo sexo. Este concepto tiene una estrecha relación con el concepto homosexualidad, aunque puede diferir de éste, ya que homoerotismo hace referencia a una forma del deseo sexual que se enfoca hacia personas del mismo sexo, mientras que el concepto homosexualidad hace referencia a una identidad sexual u orientación sexual cuya naturaleza implica la atracción sexual por personas del mismo sexo, asimilándose como una identidad del homoerotismo.
  • Heterosexualidad: atracción física, emocional y afectiva hacia una persona de diferente sexo o género.
  • Homofobia: intolerancia y desprecio por las personas con deseos o prácticas no heterosexuales, o aquellas que no se identifican con el género asignado socialmente a su sexo. Se basa en la idea de que estos actos, deseos e identidades son inmorales, enfermos o inferiores a los heterosexuales, organizando una “jerarquía de sexualidades” con consecuencias políticas (discriminación, maltrato, ridiculización, ocultamiento).
  • Homosexualidad: atracción física, emocional y afectiva hacia una persona del mismo sexo o género.

COMENTARIO
Siempre se ha tratado de establecer diferencias entre  varones y mujeres. Nuestra sociedad forma de tal punto "parámetros" donde debe resaltar la masculinidad del hombre y la capacidad que deben tener ellos para formarse como tal. Desde muy pequeños esta formación proviene de su propio entorno ya sea familiar o pares, en donde aprenden que para ser hombres deben pasar por diversas pruebas para así demostrar que tan varonil pueden ser. En nuestra realidad todos hemos vivenciado alguna vez diversas situaciones donde un niño rechaza a otro por tener actitudes "femeninas" o por el simple hecho de no llegar a categorizarse como "un verdadero hombre", siendo esto una de las principales causas para que se llegue al rechazo de la homosexualidad. 

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